
Hace ahora 30 años que el ejercito alauí, ante el abandono y la pasividad del gobierno de España, condenó a los saharauis a la guerra y al exilio en campamentos de refugiados situados en lo mas árido y duro del desierto argelino, “la hammada”, -(cuando no a una situación de “apartheid” como la que viven en los territorios ocupados)-. Miles de mujeres, ancianos y niños, tuvieron que atravesar el desierto a pie en condiciones extremas, sin alimentos, y con las terribles variaciones climatológicas. Centenares de ellos cayeron allí, acribillados por las balas, abrasados por el napalm o reventados por las bombas de fragmentación.
Desde 1975, alrededor de 170.000 saharauis sobreviven organizada y pacíficamente en los campamentos, mientras que al menos 45.000 permanecen en las zonas ocupadas, esperando el día que puedan regresar a la parte del mundo que les corresponde, y de la que fueron expulsados por la fuerza mediante traiciones, artes criminales y la trasgresión de todas las normas que en materia de descolonización están contenidas en el derecho internacional.
Y, mientras en los campamentos la población sobrevive agobiada por la escasez y por las extremas condiciones de un desierto en donde hay fechas en que sobrepasan los 50º, en el otro lado del muro, el Sahara ocupado, cada saharaui está sometido a estrecha vigilancia, el derecho de reunión está abolido y la posibilidad de libre desplazamiento no está reconocida. La violación de los derechos humanos de los saharauis es cotidiana y ha quedado debidamente documentado por las organizaciones humanitarias de las naciones unidas, la Unión Europea y distintas ONGs.
Nunca se ha dado un proceso descolonizador tan penosamente largo como el del pueblo saharaui, que lleva treinta años dándonos una inestimable lección de madurez y responsabilidad al apostar por una vía de negociación, sujeta al derecho internacional, para defender sus justos y legítimos derechos e intereses. Sin embargo, la pasividad de las instituciones y de la comunidad internacional ha hecho posible la consolidación del primer, y ahora único, caso de invasión militar de un territorio autónomo por parte de otro estado en todo el continente africano.
Ahora las posibilidades de negociaciones se están agotando. La drástica disminución de la ayuda humanitaria de los organismos internacionales a los campamentos, la continua violación de los derechos humanos en la zona ocupada, la incapacidad de las Naciones Unidas para forzar una solución al conflicto, y el cambio de actitud del gobierno español respecto a la cuestión saharaui, les empuja a plantearse el retorno a la lucha armada.
Hoy, 14 de diciembre de 2007, inicia un Congreso el Frente Polisario con este planteamiento. El pueblo saharaui, como se desprende de uno de sus proverbios: “ no hay camino hacia la paz, la paz es el camino”, no es amante de la guerra. Los saharauis no son extremistas subversivos, no so islamistas radicales, sino un pueblo que se reafirma en su identidad, cuyos miembros se niegan a aceptar las mentiras oficiales del gobierno alauita, y se rebelan contra la dictadura del miedo aún a riesgo de perder la vida.
Desde aquí, desde este asiento que ocupo exhorto al gobierno español, a que pida perdón. Primero por la colonización, después por el abandono y las sucias negociaciones con Marruecos y Mauritania y, como siempre, EE.UU por medio. Son responsables, de que lo que se produjo en el Sahara fue un genocidio. Y que tome cartas en el asunto poniendo en marcha los mecanismos diplomáticos para que el pueblo saharaui pueda vivir en paz en su tierra.
Gora Sahara libre!