Y dicen. Dicen que los derechos lingüísticos son de las personas, no de los territorios. Pues muy bien: asumamos que es así. Asumamos que son las personas las que tienen derechos lingüísticos y no los territorios.
Si es así, ¿para qué se quiere cambiar la constitución?. Un cambio de la constitución solamente daría derechos lingüísticos a los castellanoparlantes en el reino de España. Y, a no ser que se considere que España es una unidad de destino en lo universal, se estaría planteando que, efectivamente, los derechos lingüísticos están relacionados con el territorio.
Porque, no hay que olvidarlo, el Reino de España es parte de la Unión Europea desde 1986, con lo que los ciudadanos españoles pueden residir, trabajar y estudiar en cualquier país de la U.E. Propongamos pues, que los derechos lingüísticos vayan con ellos allá donde vivan: Bruselas, Londres, La Valleta o Riga.
A no ser que se quiera cambiar la constitución para que, en adelante, no se pueda imponer por ley la obligatoriedad de saber un idioma. Es decir, si los derechos lingüísticos no son del territorio, no son del país o de la comunidad, ni siquiera de la lengua, sino de las personas, será a ellas a quienes corresponda qué idioma o idiomas quieren aprender.
Así que habrá que reformar el artículo primero de la constitución, que en su punto tercero reza así: “El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla”.
Cabe esperar, también, una furibunda reacción de las autoridades navarras, tan de derechas y españolas ellas, que dividen los derechos lingüísticos de los navarros, precisamente en función del territorio donde viven. Es decir, una persona navarra tiene derechos en euskera si está en el Baztan, tiene derechos pero menos, si está en Pamplona, y no tiene derechos si está en la Ribera. “Tribulaciones de un navarro en Navarra”, se podría titular.
Dicen, que el castellano está en peligro en el País Vasco. Y cuantos oímos eso en el País Vasco, no sabemos si estamos ante un homenaje a Gila o en un programa de cámara oculta.
No conozco a nadie, absolutamente a nadie, que en este país -el vasco- no sepa castellano. Y creo que costaría muchísimo encontrar a alguien que no lo use a diario (sea al conversar con un vecino, o al leer el periódico -diez en castellano, uno en euskera-, ver la televisión -una en euskera y a saber cuantas en castellano-, oír la radio, ir al cine, etc…) para relacionarse con el mundo.
El castellano no está en peligro en el País Vasco ni se espera que lo esté. Lo que espera la mayoría de la sociedad vasca es que los idiomas de esta comunidad dejen de ser arma arrojadiza.
E imagino que algo parecido sentirán en Cataluña y Galicia, las otras dos comunidades donde se recogen firmas contra los molinos lingüísticos.
¿Y por qué no en Valencia o en las Islas Baleares?. Mejor aún: ¿Por qué no en Ceuta y Melilla, ciudades en las que gran parte de las personas autóctonas no tienen reconocido el derecho a utilizar oficialmente su primer idioma?
Es curioso que en un reino en el que hay diez comunidades autónomas -de un total de diecisiete- en las que se habla un idioma originario además del castellano, sólo se entienda lo español como lo castellano.
Tal vez si el catalán (que, en sus diferentes dialectos, lo hablan aproximádamente el 20% de los ciudadanos españoles) fuera una asignatura optativa en los institutos del viejo reino de Castilla se comenzara, a través de la pedagogía, a desarmar la demagogia.

0 Respuestas a “CARPETOVETONIA. Por Mikel Basabe. Miembro de la comisión de euskera y militante de Aralar.”