Es bueno, desde luego, que el 8 de Marzo haya logrado popularizarse como día Internacional de la Mujer Trabajadora y que en esa fecha mujeres de diferentes edades, educaciones y experiencias, pueblen las calles, bares y restaurantes de nuestros pueblos y ciudades para celebrar juntas ese día. Pero el 8 de marzo además de una jornada de celebración, es o debiera ser sobre todo, un día de reivindicación que nos sirviera para reflexionar sobre donde estamos, cual es nuestra situación en el entorno en que nos ha tocado vivir, cual en la Europa de cuya sociedad somos partícipes, cual en ese resto del mundo condenado a la miseria, donde nuestras coetáneas siguen siendo las últimas de los últimos. Y si bien el 8 de Marzo es un día que en su versión más amable es aceptado por todos los sectores sociales, no lo es así el término feminista que en estos últimos tiempos ha sido incluso cuestionado por sectores que a sí mismos se consideran progresistas, ¿Feministas?. Somos iguales frente a la ley, se dicen. No hay techo en razón de género si somos capaces de desarrollar nuestras propias capacidades. Es este un pensamiento extendido entre amplias capas de la población, de tal modo que reivindicarse como “feminista” es visto como sectario, intolerante, .. Pero echemos un vistazo a nuestro alrededor: Violencia: las mujeres somos objeto de una violencia específica por el hecho de ser mujeres, violencia que si en su nivel más brutal ha llegado el pasado año a las 72 mujeres asesinadas, y en lo poco que llevamos de 2008 a 7, en sus niveles iniciales de violencia verbal, de dominio, de amenaza, de agresión, está muy extendida. Y a tenor de los datos, es una violencia que no parece remitir. Trabajo remunerado: percibimos y eso es estadística pura, un 30% menos de salario en trabajos de igual calidad. Indudablemente la discriminación es más sutil en sus formas que en etapas anteriores. Pero hay muchos modos de ejercitarla. Un mismo trabajo tiene una distinta valoración según lo desarrolle un hombre o una mujer. O sino, resulta que es necesario la dedicación completa (9, 10, 11 horas diarias) y ya se sabe “Vd. tendrá obligaciones familiares”, algo que nunca se piensa cuando se trata de un hombre (pocos aún, pero sí es verdad que empiezan a hacerlo, levantan la voz para decir que ellos también tienen ese tipo de obligación). Pero además nuestros contratos son más precarios. La temporalidad nos golpea más. También el porcentaje de desempleadas es más alto que el de desempleados. Entretanto, el 83% de las labores del cuidado tanto físico como emocional de nuestra familia (hijas, hijos, mayores, etc) recae en nosotras. Son muy poco los hombres que se acogen a los permisos de paternidad, por ejemplo. Y ese es nuestro entorno. Un mundo que no parece querer afrontar la lacra que supone la violencia cotidiana que sufren muchas mujeres y que no entra a erradicar o al menos a profundizar en las causas que posiblemente la originen. Seguimos educándonos y socializándonos en modelos que repiten estereotipos del pasado: hombres aguerridos, con iniciativa, “audaces”, que resuelven sus diferencias a mamporros; mujeres en un segundo plano, secundarias del aventurero, al que cuidan, escuchan y halagan. Un vistazo a los dibujos animados con que nos ameniza nuestra “progre” ETB ilustra suficientemente lo que decimos. Y que decir, de los libros con los que nos educamos, la historia que aprendemos, la historia de los hombres, sus luchas, sus guerras, porque nosotras y lo que duramente estos años, siglos, hemos hecho, raramente aparece. Un mundo que a regañadientes empieza a dar pequeños pasos para corregir las desigualdades en razón de género del mercado de trabajo remunerado, al que nos incorporamos en condiciones de inferioridad, sea cual sea nuestra preparación académica, no solamente por la discriminación que según muestran los datos sufrimos en nuestro acceso al mercado de trabajo, sino porque además, se nos exige compatibilizar su desempeño con las “tareas del hogar”. ¿Feminista? ¿No será que cuantas personas aspiren a una sociedad de equilibrio, respeto, justicia y solidaridad, se tienen que reivindicar como tales?
Pero si ampliamos este primer círculo y damos un vistazo a Europa veremos como un fenómeno creciente, el mercadeo de mujeres. En estos últimos años, miles de ellas provenientes en su mayoría de países desfavorecidos económicamente han sido secuestradas, engañadas, amenazadas, esclavizadas y obligadas a prostituirse. Y nada pasa. Las redes de personas envueltas en este negocio que maneja cifras de dinero astronómicas, están ahí. Son conocidas. Pero en esta economía donde la búsqueda del mayor beneficio no conoce escrúpulos, el mercadeo de personas, no parece escandalizar a nadie.
Y mirando más allá, mujeres encarceladas en Irán, por reclamar sus derechos como personas iguales al hombre; feminicidios, más de 5.000 asesinadas, en México (Ciudad Juarez) y Guatemala; asesinatos también de mujeres en Pakistan e India por “cuestiones de honor”; contagiadas por el virus del VHI en Africa, porque sus “hombres” se niegan a utilizar preservativos y ellas no pueden decir no….
Este próximo 8 de Marzo, nos juntaremos, sí, reiremos también, pero en unión de cuantas personas creen que este estado de cosas no puede perpetuarse , que hay que continuar la senda de nuestras precursoras y seguir luchando, saldremos a la calle gritando que también en este ámbito OTRO MUNDO ES POSIBLE.